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LA POLÍTICA CRIMINAL POR HANSSEN VÁZQUEZ

 

 


La inseguridad SE CONVIERTE EN UNA situación que a todos nos preocupa y ocupa. Cambia la manera en la que convivimos modificando la manera de integrarnos a la sociedad.


Los intentos por aminorar la delincuencia a través de la política criminal se perciben como fallidos, una de las causas se presenta porque constantemente estamos buscando nuevos mecanismos ante su combate, ya sea por la ineficacia derivada de la mala aplicación por parte de policías, investigadores o jueces; por un diseño mal planteado o por los cambios políticos en la administración

EN UN SENTIDO, Los índices delictivos van en aumento, EN EL OTRO, la Criminología se encarga del estudio del delito y del delincuente, CON el objetivo de identificar y explicar los factores causales, las conclusiones obtenidas encuentran aplicación en la Política Criminal. Estas acciones gubernamentales se convierten en cometidos a través de la prevención y la represión. La primera con el control de la conducta, la cual también puede darse con el libre pensamiento y la voluntad de hacerlo en bien propio y colectivo. La segunda al pretender evitar que se vuelva a cometer por medio de medidas aflictivas, intimidatorias y ejemplares, en el marco de un Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos.

Como sujetos independientes libres de pensamiento y actuar. Nos agrupamos para expresar necesidades y realizar el intercambio de bienes y servicios en harás de cubrirlas. Nos valemos del Derecho para dar coerción a las conductas, estructurar las instituciones, establecer las funciones y alcances de quienes nos gobiernan, nos presenta los mandatos o prohibiciones que debemos seguir, respetar, vigilar, apoyar o rechazar.

El derecho debe ser flexible, el orden establecido debe de modificarse conforme va cambiando la sociedad. Las necesidades de la sociedad también son cambiantes, al igual que la manera de allegarnos de los satisfactores, los cambios en la sociedad son multifactoriales, las causas en los individuos ante determinado actuar normalmente se ven expresados ante la aceptación del grupo al que pertenece. El individuo pretende destacar ante él, el Derecho es el regulador en cuanto a la manera que el sujeto decide hacerlo.

Pero el derecho también es falible y como individuos tendemos a expresar una doble forma de aceptación de convivencia, por un lado, en ocasiones el derecho protege intereses personales en lugar de colectivos, otra situación se presenta porque los encargados en crear la Política Criminal no son especialistas en derecho. A su vez el individuo ante la sociedad presenta dos formas de actuar: La aceptación que expresa por un lado y la forma en la que se conduce por otro, en la mayoría de las ocasiones, no son coincidentes.

Diversas teorías establecen que el ser humano tiene una propensión al mal, parece lógico pensar que en tiempos inmemoriales utilizamos la violencia como forma de sobrevivencia; además, tenemos documentadas las luchas bélicas que hemos enfrentado, por supuesto en todas, humanos contra humanos. La propia historia de los derechos humanos son muestra de lo referido, los hemos caracterizado como totalizadores y universales, pero el llegar a este punto no fue tan fácil como nuestro razonamiento asumiría. El cambio de pensamiento y formas de dominación nos dieron su reconocimiento; no sin antes haber pasado por luchas sociales y la observancia dolorosa de la deshumanización por parte del poder planetario de su momento.

El derecho como regulador de la conducta del hombre en sociedad, a través de las leyes, reglas y normas impuestas por el Estado, pretenderá que por medio de las Instituciones legitimadas presente la observancia necesaria por parte de los obligados para no presentar un desequilibrio social. Sin importar la exigencia del ciudadano el derecho debe buscar la justicia a través de la verdad jurídica, tal como acontece en la litis, Juan Abelardo Hernández Franco “… es la verdad jurídica la que se busca más allá de la certeza de las partes en una controversia. La principal razón de ello es que en los asuntos jurídicos están en juego el patrimonio, la libertad y los actos de las personas y, por ende, la estabilidad de la sociedad”.[1]

La seguridad no solo es una garantía, sino uno de los fines del Estado; se manifiesta en el hecho que el ciudadano se sienta tranquilo y confiado en su persona, bienes y familia; ante sus posesiones, integridad y libertad. Lo encontramos como axioma jurídico al estudiar al Derecho e identificar la seguridad como un valor a cuya realización debe aspirar el orden jurídico positivo, ante los  problemas relacionados con el valor de la existencia; lo que demuestra que junto con la economía son dos grandes temas que los gobernantes deben de reconocer, cuidar, velar y encontrar la idoneidad en la aplicación de políticas públicas acordes a lo que se pretende combatir. En lo que respecta a la delincuencia, los especialistas concuerdan que es imposible erradicarla, por ello se debe ser realista y tomar como misión disminuirla.


Para combatir eficazmente la delincuencia debemos considerar un lugar preciso y con ello todos los factores inherentes al sitio, ambiente, circunstancias y otros elementos que influyen en la producción del delito. De igual manera es importante determinar el tipo de delito que queremos combatir. Si identificamos la causa, podremos atacarla para que ya no se produzca.

La política criminal se debe adecuar a los cambios en la sociedad, ante las nuevas necesidades necesita escrutar mecanismos integrales que lo disminuyan; pero es difícil establecer políticas públicas adecuadas cuando el pensamiento de la sociedad no es reflexivo, no es crítico, no argumenta ni sabe qué requiere o a dónde debe de ir. Ante este falso anhelo a lo que no se tiene determinado por las constantes frustraciones de vivencia, encontramos sujetos que piden, pero no están dispuestos a dar o cambiar. Ninguna política criminal que trabaje sobre objetivos reales y de forma integral, tendrá éxito en sus cometidos si la sociedad no encuentra el camino; es decir, sin educación.

“No hay camino seguro paro quien no sabe a dónde va”.

La incorrecta educación produce delitos, es poco decir que la mayoría de las manifestaciones del adulto tiene su origen en la niñez. De ahí que la correcta educación sea el primer punto de combate a la delincuencia. Toda carencia es generadora de malestar humano, aunque este no necesariamente sea una necesidad de vida. La carencia afectiva del niño es el detonante de la frustración del adulto que podría manifestarla a través de la irritación como forma de actuar ante los aconteceres de la vida, haciendo uso de la violencia como forma de solución de sus problemas, mismos que posiblemente solo existen ante su falta de capacidad de demora, tolerancia y un inadecuado control de impulsos.

De igual manera, si la familia le impone al menor los valores supremos y se le fomenta el conocimiento ante lo ontológico, le será más fácil al adulto resolver sus problemas de manera lógica y asertiva, permitiendo entender lo verdaderamente importante en la vida y no dando interés a las creencias colectivas, programas en el que el contenido es el morbo o el espectáculo de escándalo, o a los eventos deportivos en los que solo participa como espectador).

Como Las principales conductas antisociales se aprenden en casa, de nada sirve si al infante se le intenta imponer reglas de conducta a través de las palabras ya que estas tienen que ser reforzadas con el ejemplo, en la familia es en donde se presenta el introyecto de valores. De igual manera es necesario no colocar “roles” por género o gustos, ya que si estos se establecen normalizaran conductas machistas y victímales. Si a la correcta educación en casa se le suma la parte formativa que se adquiere en las escuelas y en las actividades deportivas en las que es partícipe; si además en ellas encuentran similitud con lo mostrado en casa, se evitará que el adulto busque allegarse de sus satisfactores por medios que laceran a la sociedad.

Según LORENZ “todos somos portadores de un animal que quiere manifestarse, pero que siempre logra ser reprimido gracias a un enérgico sistema de control”. Mientras que la idea de ROUSSEU contrapone al señalar “… los seres humanos nacen fundamentalmente buenos y se vuelven agresivos o violentos durante su desarrollo como resultado del aprendizaje cultural”. Si bien estas ideas encuentran puntos de oposición, son coincidentes en que en la sociedad se puede frenar ese estímulo a delinquir, evitando el inadecuado aprendizaje social, y de igual manera el correcto “sistema de control” inhibirá nuestra naturalidad a la agresividad. Cuantos actuares podemos apreciar día a día de individuos que no siguen las reglas, desde tirar basura en la vía pública hasta robar, es natural cuestionarse el por qué; tal vez, solamente les faltaron libros.

SOCIEDAD

Dividir estigmatizando, creando modelos de pensamiento y conducta. Hoy en día se aprecia una sociedad fragmentada, integrantes que se sienten con el derecho moral de criticar a quienes no comparten sus ideales; es decir, la intolerancia como medio de justificación de rechazo a otras personas. Se utilizan conceptos para estigmatizar y etiquetar a personas con ciertas características de vida, que van desde una preferencia, pensamiento, posición económica o hasta edad. Esta forma de actuar en la sociedad no es nueva, pero hoy en día se aprecia un uso colectivo de dichos conceptos en los cuales incluso un nombre o la preferencia política caracterizan a una persona.

Tenemos en una esquina a los “Fifi” y en la otra a “Los Chairos”; también a “Los Godínez” y a los que por nombre identificamos como delincuentes (que de entrada ninguno de nosotros presenta voluntad en ello) Brayan; Brandon; Kevin; Kimberly o Britany, a los cuales además les antecede un artículo para particularizarlos; así, Brayan se convierte en “El Brayan”, este artículo que la sociedad le colocó lo excluye ya no solo por el nombre, sino hace distingo en los demás al considerarlo un delincuente. Éste ejemplo tiene su símil según el equipo deportivo al que una persona decidió seguir; al partido político con el que se identificó o incluso hasta por el gusto musical, está lista es basta, por lo que menciono solo algunos casos. Pero da por resultado una sociedad con intereses dispersos que no es capaz de concretizar ideas colectivas y mucho menos tolerar pensamientos disímiles al suyo, situación que puede aprovechar el soberano para justificar actuares que tampoco son reflejo del bien común.

Para concluir, es un derecho exigirle al gobierno seguridad y certeza jurídica a través de vigilancia, protección, educación, alumbrado, oportunidades, etcétera. De igual manera al hacer trabajar a la autoridad brindando interés e imparcialidad procesal. Acompañado de un correcto sistema de reinserción social; sin embargo, hoy en día es difícil reconocer que la función de la pena sea funcional.

El Estado ha exagerado en la represión como medio de combate a la delincuencia, se proponen formas más cruentas y degradantes en las penas. Algo que se ha intentado en otras épocas sin resultados funcionales. A pesar que la prevención es menos costosa y más eficaz.

Es importante considerar que el delito muta y presenta determinado significado dependiendo de la época y el lugar en el que nos encontremos. Es por ello que la seguridad pública debe de determinarse según el lugar donde se encuentra y no abusar del derecho comparado o generalizar que las conductas tienen el mismo significado en todos los lugares.

La seguridad pública, al encargarse de la prevención del delito busca las acciones enfocadas a disminuir las amenazas, el riesgo y la oportunidad de las conductas que laceran, a través de identificar y erradicar los factores causales, las oportunidades y condiciones que permitan que la delincuencia se desarrolle y siga.

Por su parte el derecho penal tendría que ser el “conjunto de normas jurídicas de derecho público, reguladas, aplicadas y sancionadas por el Estado, a través de sus diferentes órganos especializados, con el fin de vigilar el bien jurídico tutelado, con el objetivo de generar un equilibrio que mantenga un orden y seguridad en la sociedad, protegiendo sus vidas, bienes, y patrimonio,” que nos brinde seguridad y sentido de respeto, tolerancia e identidad grupal, en conjunto con la correcta educación; es decir, educar con el ejemplo, con cariño, definir valores y reforzar su aplicación todos los días, darle atención al niño pensando en su expresión como adulto, otorgar tiempo de calidad a los hijos, diseminar el conocimiento y hacerlo llegar a quienes más lo necesitan, reflexionar ante nuevas formas de pensar para aprender a tolerar y respetar, equilibrar la autocrítica con la heterocrítica, tener presente que la empatía evita dañar a otros, sin necesidad de acudir  a la amenaza a través de penas que castiguen.

Imperativo que el derecho, los valores morales, las reglas de convivencia y la costumbre, se direccionen a la vida del ser en sociedad, a la libertad del ser en cuanto a su anhelo de cubrir expectativas propias y grupales, a permitirle la oportunidad de manifestar y buscar sus emociones frenando algunas pulsiones (las que dañan), libertad de sentir para luego racionalizar. Pues ese es el sentido de la vida y la función del derecho; es decir, la protección de las expectativas del ser. Que el ciudadano se sienta tranquilo, se sienta confiado.

 



[1] Juan Abelardo Hernández Franco, Daniel H. Castañeda y G. Curso de Filosofía del Derecho, México, OXFORD, 2009. P. 1

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