En la
investigación delictiva, se pretende determinar la responsabilidad de quién
participó, en los casos en los que se tiene la oportunidad de entrevistar al
posible responsable; el investigador se convierte en un cazador de mentiras, el
cual debe ser un observador que estudia, escucha, percibe e interpreta cuantos
indicios sea posible, de la persona que tiene enfrente, pero también influye en
él y puede producir estímulos que el investigador no debe confundir con
indicadores. Por eso se tiene que ser cuidadoso hasta con la vestimenta, pues
demasiado formalismo podría producir una barrera en la comunicación; por el
contrario, el desinterés en la imagen puede ocasionar desconfianza e
inseguridad.
De igual forma, debe considerar las posturas de los actores, su
acercamiento cambiará dependiendo del momento de la entrevista. Cada etapa
tiene un objetivo diferente, en un inicio generar confianza, bajar estrés y
ansiedad, además de recabar datos sociales y biológicos; posteriormente,
conocer los movimientos del evaluado y su tipo de personalidad. Al inicio de la
entrevista se observa su disponibilidad y disposición a la evaluación, conforme
se desarrolla la misma se dan asignaciones a los valores que se van
presentando, es decir, se realiza una interpretación holística de los mensajes.
Por esto resulta importante preparar al evaluado a través de un diálogo y
mediante el trato del que debe percibir a un sujeto que no lo juzga y que será
su salvavidas en caso de que sea responsable de lo que se investiga.
La entrevista es la herramienta que tiene el cazador de mentiras para
comunicarse con el evaluado. Es la estructura de la investigación y el momento
en el que el sujeto de estudio arroja la información necesaria para determinar
su responsabilidad en los hechos planteados. Yeschke refiere que “la entrevista
es el método principal para recabar evidencia testimonial”.[1]
El cazador de mentiras presenta estímulos que el evaluado procesará
mentalmente: pulsiones, emociones, sentimientos, pensamientos y recuerdos;
mismos que expresará a través de la comunicación verbal, no verbal y sus
reacciones fisiológicas. La entrevista tiene un alcance que otro medio no
posee, en la entrevista se tiene la posibilidad de estar con el responsable o
con el inocente que es acusado, en ambos casos se pueden establecer
correcciones y las sanciones justas ante la conducta investigada.
En una entrevista ambos sujetos comunican. Se da una interacción humana
en la que por compromiso se presentan palabras con diferentes objetivos;
normalmente, son dos: por un lado, convencer; por el otro, expresar ideas. En
ella se niegan o inventan hechos, hay una pretensión por parte de uno y una
retención por parte del otro. De manera oculta o simulada la única forma de
acabar con las barreras de la información es mejorar la comunicación mediante
la empatía o simpatía, ambas se presentan de manera natural o porque se trabajó
para obtenerlas. En la mayoría de los evaluados hay un intento por quedar bien,
claro, casi siempre es una simulación que se da al creer que les puede ayudar
frente al entrevistador para mejorar su credibilidad. De esta manera, del
evaluado se obtiene información, conocimiento, su manera de pensar, entre otros
aspectos; “la entrevista es un recurso indispensable, no sólo por la cantidad
de información potencial de que nos provee, la cual es realmente considerable,
sino por los distintos aspectos humanos que nos permite conocer y evaluar”.[2]
El objetivo principal de la investigación es conocer los recuerdos del
individuo sobre una experiencia vivida, así como las sensaciones, ideas y
consideraciones que presentó al momento en el que ocurrieron los hechos que
motivan la interacción. La cognición abarca “los procesos implicados en la
adquisición, manipulación, almacenamiento y uso de la información”.[3]
Es así como con la entrevista cognitiva se pretende obtener la información como
extracto del recuerdo del evaluado, lo cual comprende cuatro técnicas que
buscan la recuperación de la memoria.
Si se justifica la conducta de los hechos de manera social, moral o
psicológica; se proyecta la culpa en otros entendiéndola o haciéndola menos o
se pone en el lugar del perpetrador, se pueden presentar resultados diferentes
al observar los canales de representación porque se dará comodidad para el
camino de la admisión. El discurso del cazador previo a la pregunta justifica
al sujeto minimizando su conducta desde los puntos de vista moral y
psicológico, no se debe caer en el abuso, pues se hará tediosa la interacción
humana y se pierde eficacia. De esta manera, el responsable puede pensar que es
comprendido, tendrá confianza para confesar o se incrementará su ansiedad y
estrés si su actitud es mentir.
En consecuencia, el entrevistador actúa sin verse sorprendido, sin
expresar emociones, sólo expresa la duda ante el intento de comprender el
dicho. Antes de las preguntas con interés en el punto investigado, se culpa a
otros, se acepta que cualquiera actuaría de la misma forma y se desinteresa por
lo acontecido, haciéndolo menos, con la finalidad de que el evaluado admita y
confiese.
Si la entrevista es la estructura de la investigación, las preguntas lo
son de la entrevista. Los objetivos son alcanzados a través de la observación
de las reacciones del sujeto, pero éstas no aparecen si no son precedidas por
la semántica y el uso oportuno de determinadas preguntas y actitudes por parte
del cazador de mentiras.
La pregunta como medio para medir las intenciones, la disposición y las
emociones del evaluado se convierten en el punto central de la entrevista y
para la obtención y análisis de la información. Es importante que la percepción
del entrevistado no se vea modificada ni por la actuación del entrevistador ni
por lo que escucha de él.
Los tipos de preguntas que pueden ser usadas en una entrevista son
variadas, pues con ellas se busca obtener información, así como estudiar e
interpretar las reacciones del receptor, las cuales darán resultados tan
diversos como personalidades identifiquemos. Las preguntas pueden ir cambiando
en cuanto a su aplicación, dependiendo de la respuesta del evaluado y al
observar las reacciones que aparejados de ellas se presenten en el
entrevistado.
La entrevista criminológica arroja valiosa información para poder conocer
a la persona en cuanto su forma de vida y patrones de conducta, así se puede
establecer la posibilidad de si el sujeto es capaz o no de haber hecho lo que
se le acusa. Con la intención de encaminar a determinar su participación,
utilizando como herramientas el lenguaje no verbal, la cognición, y los cambios
psicofisiológicos.
En la entrevista no sólo se analizan la conducta, el diálogo, la
fisiología y las emociones, también la predisposición a la realización del
hecho, así como la consideración de factores endógenos y exógenos en sus
esferas biológicas, sociales y psicológicas para obtener los elementos que
indiquen esa posibilidad de que la persona a la que se entrevista sea el
responsable.
[1] Yeschke,
Charles L., Técnicas de la entrevista y el interrogatorio. México, Limusa
Editores, 2006.
[2] Acevedo
Ibáñez, Alejandro y A. López, El proceso de la entrevista, p. 162.
[3] Sánchez
López, Soónia (coord.), (otros), Etología. La ciencia del comportamiento
animal, Barcelona, Editorial uoc, 2014, p. 481.
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